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lunes, 4 de diciembre de 2017

El dilema de los regalos para los niños: Apuntes para Papá Noel y Reyes Magos

Tan cerca de la Navidad y la llegada de los Reyes Magos, empiezan los debates acerca de qué tipo y
cuántos regalos dar a los niños en esta época, teniendo en cuenta aquellos criterios que aseguren un impacto beneficioso en su desarrollo emocional.

Muchos profesionales se han pronunciado al respecto, haciendo una llamada a evitar el exceso de regalos, así como el impacto que esto puede tener sobre cómo ve el niño su mundo, cómo forma y alimenta creencias, así como la manera en la que se ajusta a la realidad. En este sentido, se recomienda con frecuencia que la cifra gire en torno a 3 regalos, lo que se trata, más que de un criterio estricto que deba seguirse de forma literal, de una llamada a la sensatez y a la reflexión por parte de los padres en cuanto a este tema.

Hace varios años, este dilema quedó bien reflejado en el comercial de Ikea “la otra carta” que reflejaba asimismo el llamado “síndrome del niño hiperregalado”, el cual hace alusión al intento de algunos padres a compensar con juguetes y regalos el poco tiempo que comparten con sus hijos. En este sentido, cuando los regalos son excesivos, los niños tienen dificultades para otorgarles valor, ver su carácter emocional o educativo o apreciar su contenido, lo que además resulta en una pérdida del interés e ilusión que inicialmente persigue el gesto.

Pensando en ello, nos animamos a apuntar algunos elementos para tener en cuenta en cuanto a los regalos navideños, de manera que puedan servir de orientación para aquellos padres que tienen dudas en este sentido.

El gran debate acerca de la cantidad

Muchos padres quieren alimentar la ilusión de sus hijos dándole todos -o muchos- de los regalos que han pedido. Sin embargo, más allá del tan mencionado materialismo, hay otras “pegas” emocionales de mayor importancia frente al exceso de regalos. Por un lado, tal y como los adultos también soñamos, la carta a los Reyes o a Papá Noel, puede ser una ventanita a los deseos y anhelos del niño. Sin embargo, estos sueños y deseos -tal y como ocurre con los adultos- siempre estarán confrontados con la realidad (bien sea económica, en cuanto a juguetes prohibidos…). Es necesario hacer partícipe al niño de dicha realidad, enseñándole a apreciar sus deseos en convivencia con ésta. No se trata de frustrar al niño o sumergirlo en las frustraciones de la vida adulta, pero sí de estimular su resiliencia y tolerancia a la frustración, las cuales tienen un valor educativo y adaptativo vital.

Por otro lado, aunque parezca contradictorio, la sobreestimulación conduce al aburrimiento. Esta es precisamente una de las principales características de los niños y adolescentes de hoy en día, atiborrados de información y estímulos, muchas veces caen en la desconexión. Si buscamos alimentar la fantasía, imaginación y creatividad de los niños, el exceso no es nuestra mejor opción.

Recordemos asimismo que la cantidad no es sinónimo de felicidad, en este tema no aplica “cuanto más, mejor”. Por el contrario, la sobreabundancia dificulta que el niño pueda sacar el máximo provecho de los regalos, así como el verdadero disfrute de los mismos, y disminuye el valor percibido de estos.

No sólo cuentan los regalos que hacen los padres

Dado que los niños probablemente reciban regalos de otros miembros de la familia (abuelos, tíos…), es importante dialogar y compartir con estos la visión que se tiene en cuanto a los regalos, para que sea tenida en cuenta por los demás miembros de la familia. Esto no incluye sólo la cantidad de regalos, sino también poder compartir información acerca de lo que el niño necesita, las reglas estipuladas en casa en cuanto a los juguetes (permitidos/no permitidos) y el valor de los mismos.

Regalo Vs. Esfuerzo

Una tendencia -y a la vez una duda- frecuente de los padres, tiene que ver con transmitir a los niños la idea de una relación entre los regalos recibidos y el esfuerzo. Aunque es importante resaltar el valor del esfuerzo, así como el valor de las cosas, los regalos no deberían presentarse como una moneda de cambio. Los regalos han de tener, sobre todo, un valor emocional, algo que se ofrece sin esperar nada a cambio, por el gusto de alimentar la ilusión del otro.

Cuando equiparamos el esfuerzo y los regalos, el primero pierde su verdadero sentido de ser. Los
niños no deben “ayudar” en casa o “hacer los deberes” para recibir regalos, sino porque es su obligación desde el rol que ejercen (como hijos o estudiantes, en estos casos). El esfuerzo tiene un valor social y personal, y al vincularlo con lo material se desvirtúa dicho valor que ha de ser una enseñanza para toda la vida.

Es indudable que hemos de fomentar conciencia en cuanto a que las cosas que obtenemos cuestan y merecen un esfuerzo, sin embargo, cuando transmitimos la idea de que el esfuerzo se basa en la recompensa material que se obtendrá, incurrimos en una sobregeneralización que no es acorde con la realidad y con cómo funciona el mundo, por lo que dejamos a los niños desprotegidos ante dicha realidad. Lo cierto es que sabemos que, 1) es imposible “hacerlo todo bien” (y recibir juguetes); o, 2) es imposible “hacerlo todo mal” (y no recibir juguetes). La vida real no está compuesta por éxitos y fracasos absolutos, y este es un aprendizaje que hemos de enseñar a nuestros niños.

En este sentido, “regalar carbón” como reflejo de un “esfuerzo deficiente” por parte del niño, puede representar un castigo emocional muy duro e innecesario, además de contraproducente. Nuestro mundo adulto está cargado de creencias -muchas veces erróneas-, percepciones y exigencias en cuanto al éxito y al fracaso, introducirlas al mundo infantil a través de estas equiparaciones con los regalos y, sobre todo, sin previa reflexión, dificulta el desarrollo sano de la motivación en los niños.

La verdadera función de los regalos

Quizá este sea uno de los elementos más importantes. Más allá de enfocarnos únicamente en la cantidad, lo que realmente importa son los regalos que se eligen y por qué los elegimos. Muchas veces las dudas surgen cuando perdemos de vista este aspecto. ¿Qué función tienen los regalos, para mí como padre/madre?

En algunos casos, la cantidad de regalos está orientada a alimentar -de manera más o menos consciente- nuestra valía como padres. Algunas veces, la necesidad de proporcionar gran cantidad de regalos -o un tipo de regalo en particular- habla de los propios anhelos e historias infantiles. Otras veces, la tendencia a enfocarse en la cantidad de juguetes desvela el desconocimiento de los padres de las necesidades -sobre todo emocionales- de sus hijos. Poder hacer una pequeña reflexión al respecto permite hacer regalos más genuinos y elegir mejor.

Los juguetes y regalos son importantes en la vida del niño, pero estos tienen una función precisa que en ningún caso se trata de sustituir la atención, muestras de cariño y funciones de los padres.
En líneas generales, cuando escogemos los juguetes, debemos elegir aquellos adaptados a su edad, que inviten a su imaginación, que apoyen su crecimiento o que alimenten potencialidades del niño, sueños y habilidades. Los juguetes que posibilitan momentos en los que se comparte con amigos o familiares también son buenas opciones. Por último, recordemos, aunque parezca un apunte evidente, que el mejor juguete no siempre es el más caro.

El regalo de la emoción


La Navidad y Reyes también es un buen momento para enseñar valores y enriquecer el mundo emocional y afectivo de los niños. Aprovechemos entonces para regalar tiempo, enseñar sobre la bondad y el valor de compartir.

Aunque los regalos llenan de ilusión a los niños, la mayoría olvida cuáles han sido los juguetes y objetos que se les han regalado en años anteriores. Sin embargo, las emociones, momentos y experiencias vividas en estas épocas, suelen perdurar en la memoria de los niños y son a menudo más difíciles de olvidar y más fáciles de valorar. 

lunes, 25 de septiembre de 2017

Niños y tecnología: El tiempo frente a la pantalla no parece ser lo más importante

Dentro del cúmulo de opiniones, investigaciones, recomendaciones y tips que hay en relación con la exposición de los niños a los medios y pantallas (móviles y ordenadores), hay poco consenso y, por tanto, un remanente grande de confusión. Muchos padres se preocupan por el “tiempo frente a las pantallas” de los hijos -o por el deseo arrollador de estos de estar ‘un rato más’-. Otros ven las restricciones de tiempo como una medida alienante, que aleja al niño del mundo actual, en el que se desarrollará y crecerá. En la mayoría de los casos se tiende, desde dicha preocupación, a seguir directrices que guarden cierta cuota de seguridad en lo que respecta a la crianza y el propio desarrollo del niño.

Dentro de la gran cantidad información que hemos leído últimamente al respecto, nos hemos topado con este artículo de Terry Heick para Teachthought que creemos digno de rescatar. El autor intenta matizar la visión preponderante del uso de la tecnología y el tiempo que los niños emplean en ella, para invitarnos a ampliar nuestra visión al respecto.

Aquí os pasamos el artículo completo:

El tiempo que pasan los niños frente al ordenador o el móvil suele ser un elemento de preocupación para los padres. Esto incluye desde el miedo de que nuestros niños sean ‘asociales’ y desarrollen adicción a ciertos juegos, hasta la inquietud de que las pantallas de los medios digitales les priven de conectar con espacios físicos, personas y oportunidades a su alrededor.

Como padres deseamos un equilibrio, no necesariamente porque el equilibrio sea lo mejor, sino porque sabemos que, si se llega a descubrir que algo es perjudicial para los niños, nos tranquilizará saber que han tenido una exposición comedida ante ello. El equilibrio es una forma básica de protección ante el futuro, gracias a este no necesitamos comprender exhaustivamente las causas y efectos de cada factor, sino que podemos conformarnos con recomendar ‘equilibrio’ y esperar que los elementos generen un contexto sano a través de dicho balance.

El concepto de “tiempo frente a la pantalla” existe en un mundo en donde los monitores son herramientas de identidad, curiosidad y necesidad constante de información. Hoy en día, en lugar de que cada hogar cuente con una sola ‘pantalla’ (móvil, ordenadores…), cuenta con 5; estas actúan como un portal hacia el mundo. 

La televisión nunca llegó tan lejos. Durante mi infancia, el tiempo frente a la pantalla tenía que ver básicamente con sentarme muy cerca del televisor. El teléfono, por su parte, era la forma predominante de comunicación interpersonal, y los reproductores de vídeo representaban un adelanto tecnológico. Para los niños de hoy en día, la impresionante tecnología móvil es la nueva norma. Sin embargo, cómo y cuánto nuestros niños deberían estar empleando tiempo en esto, son preguntas que, hasta ahora, no han sido tratadas con algún matiz.

En 2011, la Academia Americana de Pediatría presentó sus recomendaciones en relación con el uso de los medios por parte de niños. La idea principal, por supuesto, se trataba de protegerlos. En dichas recomendaciones iniciales, la AAP desaconsejaba el uso de medios tecnológicos por parte de cualquier niño menor de dos años. Desalentaba el tener televisores en las habitaciones. Advertía acerca de retrasos potenciales a nivel del lenguaje en aquellos niños que vieran televisión antes de su primer año. También explicaba la necesidad de tener un ‘tiempo de juego no estructurado’.

En 2013, la AAP presentó nuevamente las mismas directrices y orientaciones generales, a pesar del hecho de que el IPad había sido presentado 3 años antes, y junto con la revolución de los smartphones, había alterado completamente la manera en la que los usuarios interactuaban con los medios digitales. Aun así, no hubo cambios a este respecto.

Cuando nos acercábamos al año 2016, algo finalmente acaparó la atención de la AAP y empujó al grupo a echar un vistazo más detallado y reflexivo a sus recomendaciones, de cara a una cultura progresivamente más fascinada con las pantallas digitales. Como bien señala la organización, “nuestras políticas han de evolucionar o quedar obsoletas”. Sin embargo, quizá evolucionar requiera, en definitiva, menos restricciones en cuanto a tiempo frente a las pantallas y más acerca de ampliar nuestra perspectiva de cómo éstas pueden contribuir y ayudar en el aprendizaje de los niños.

¿Qué es jugar?

Uno de los fundamentos de las recomendaciones de la AAP a lo largo de los años, ha sido un señalamiento en cuanto a emplear un “tiempo no estructurado de juego”, basado en la idea de que “el juego no estructurado estimula la creatividad”. De acuerdo con lo que planteaban, los padres deberían “priorizar un tiempo de juego diario de desconexión, especialmente para los más pequeños”.

Esto es justo y beneficioso, pero también hemos de considerar que el juego se presenta de diversas formas. El juego va más allá de una actividad específica. Se centra en quien juega, bien sea que actúe como participante dentro de un conjunto de reglas que accede a seguir (como en los deportes o juegos de mesa), o como autor de dichas reglas (en juegos inventados por los mismos niños). El juego es tal porque el significado se construye en la mente de quien juega. Y la tecnología puede proveer infinitas oportunidades para el juego.

Los medios digitales han creado una remezcla cultural entre sus usuarios, donde la fantasía, el intercambio de ideas y memes, y la experimentación caracterizan cada proceso y evento. Uno de los grandes talentos de los medios digitales es permitir el juego no estructurado. Muchos juegos son diseñados siguiendo esta línea.
Gran parte de estos juegos están pensados como un espacio en donde los jugadores pueden aportar sus propias ideas y por ello son llamados ‘juegos caja de arena’. Tal y como ocurre en una caja de arena real, hay menos estructura y por ello más opciones. Los videojuegos ‘caja de arena’ están repletos de herramientas y posibilidades, pero dejan que el jugador sea quien cree su propia experiencia. No hay estructura específica, lo que también promueve la creatividad y la experimentación. Esto, sin lugar a duda, también es jugar.

Consideremos la definición de juego de la poeta y naturalista Diane Ackerman:

“Uno escoge el jugar… El juego sucede fuera de la vida ordinaria y requiere libertad. Pero la libertad por sí misma no asegura un resultado divertido… A los jugadores les gusta inventar mundos alternativos, resultados más ventajosos de los eventos, versiones suplementarias de la realidad, otros ‘yos’. El creer está en el corazón del juego, y también está en el corazón de mucho de lo que consideramos trabajo. Intentemos creer que podemos lanzar un cohete a la luna”.

Aunque no necesitemos de una pantalla para imaginar la luna, no hay ningún tipo de evidencia científica que sugiera que éstas anularán nuestro deseo de llegar hasta ella. Nuestro esquema colectivo, la imagen que en general tenemos como cultura, tiende a ver el juego como algo inocente, y la tecnología, en muchos casos, como viciada o dañina. Tendemos a visualizar el juego como un niño solo cacharreando con legos y bloques, murmurando en la medida en la que se habla a sí mismo en un evento imaginario. O quizá como un grupo de niños corriendo en el campo o jugando el ‘pilla pilla’. A veces somos algo nostálgicos en ese sentido, y quizá pertinentemente desconfiados en cuanto a los efectos en nuestros niños de cualquier cosa nueva y pobremente comprendida, como la tecnología. Sin embargo, muchos juegos se basan en reglas y estructuras: Al jugar al ‘pilla pilla’ también se siguen reglas. Esto se aplica a los espacios digitales también; por lo que la tecnología puede ser considerada un juego.

La transferencia desde los espacios digitales a los físicos

Foto: Yasmina Marrero
Más allá de todo lo anterior, la preocupación acerca del tiempo que pasan los niños frente a las pantallas es una preocupación legítima y razonable. Si los niños no se despegan durante todo el día de los medios tecnológicos, su mente estará inundada de todo aquello que albergan los medios sin ningún tipo de filtro. Estando frente al ordenador o al móvil por mucho tiempo, se privan de disfrutar de los espacios físicos, de conectar con su comunidad local, tanto en lo que respecta a otras personas, como a paisajes y lugares. Se limitan a sí mismos, se vuelcan en afinar su participación en un mundo digital más que el mundo físico, el cual representa una realidad más completa.

No obstante, la AAP parece entender mejor hoy en día la verdadera pregunta que deberíamos estar haciéndonos, la cual no se trata únicamente de preguntarnos ¿Cuánto tiempo han de estar expuestos a las pantallas?, sino también ¿Qué están mirando? ¿Cómo les afecta? ¿Cómo aquello que ven desafía sus propias creencias? ¿Qué tipo de habilidades cognitivas y de pensamiento de orden superior ponen en práctica en su comportamiento ‘en línea’? ¿Queremos que se les cuente una historia de un libro o que creen su propia historia en un universo digital en donde ellos tienen el control? ¿Qué actividades y juegos digitales propiciarán mejor y de manera natural hábitos de reflexión, cambios de comportamiento y adquisición de habilidades que puedan transferir al mundo real?

Este tipo de preguntas son notablemente más difíciles de comprender y medir. Es mucho más fácil limitarnos a reducir nuestros cálculos y reflexiones al referente más conveniente con el que contamos: el tiempo. Sin embargo, a la larga, el problema central en cuanto a la tecnología y los niños tiene que ver menos con el tiempo que le dedican a esta, y más con el propósito y matices de sus interacciones digitales. Tengo un sobrino que prefiere jugar a Call of Duty que hablar con cualquiera de los miembros de su familia, hacer ejercicio o crear algo con sus manos. Eso me preocupa. Esto, sin embargo, no tiene tanto que ver con los medios digitales, sino más bien con la naturaleza adictiva de una única forma de interacción digital. Los videojuegos están diseñados para complacer. No todos los medios y tecnología funcionan de esa manera.

Como un medio para abordar estas cuestiones, muchos educadores han llamado a un cambio desde el consumo a la producción en el espacio digital, lo que implica, por ejemplo, mirar menos y crear más, empezando en el espacio escolar y el aula. Ayudar a los niños a entender cómo extrapolar reflexiones e ideas desde el espacio digital al físico constituye una tarea útil y necesaria.

Quizá la mejor prueba con la que contamos para evaluar la adecuación y conveniencia para cualquier niño de una situación particular es preguntar “¿Qué haces y por qué? Aunque el tiempo que pasan frente a la pantalla sin duda importa, enfocarse sólo en el tiempo es como desarrollar un programa de lectura que se enfoque únicamente en los “minutos leídos”. Por qué no preguntar “¿Qué lees y por qué? ¿Qué te llamó la atención de lo que leíste? ¿Para qué usarías eso que has leído? ¿Qué te gustaría leer a continuación?”

Modelando cómo y porqué los niños usan los medios digitales (por ejemplo, para expresar ideas, conectar con otros…), los adultos -padres, educadores y miembros de la familia- pueden ayudarlos a reflexionar acerca del propósito de su comportamiento y las posibilidades a su alcance, y luego considerar y trasladar la experiencia digital dentro de un contexto más sólido y auténtico.

Teniendo todo esto en mente, podemos empezar a ver el tiempo frente a la pantalla no sólo como un problema o preocupación, sino además como una estrategia para tratar de entender el mundo.

Artículo de Terry Heick en Teachthought: Stop Worrying About Screen Time, traducción de Kreadis. 

lunes, 31 de julio de 2017

Tinkering: Un campamento de verano para explorar el mundo con las manos

El “Tinkering School” es un programa educativo creado por Gever Tulley el cual se vale de un contexto de ingeniería y construcción como metáfora de la vida: Dotar a los niños de herramientas reales, para solventar problemas reales en el mundo real.

Incluye formatos como cursos y laboratorios (impartidos también en Madrid), y propone especialmente campamentos de verano, todos ellos centrados en “aprender haciendo”: manipular, experimentar, crear, equivocarse y volver a empezar.

Tinkering, frecuentemente traducido como “jugueteo” o “cacharreo”, está planteado para ofrecer un contexto lúdico y colaborativo en donde se pretende recuperar algo de libertad física e intelectual, como una oportunidad para pensar con las manos, para construir significado y comprensión. Quienes lo fomentan afirman que no se trata de un ejercicio de nostalgia, sino de empoderar a los niños mediante habilidades técnicas, interpersonales y de resolución de problemas que les ayudarán a desarrollar su potencial de cara a los retos del siglo XXI.

Sabemos de sobra que los tiempos actuales y los avances tecnológicos plantean retos en los diferentes contextos de la vida, incluyendo el educativo, y en ello se apoyan este tipo de proyectos de innovación educacional. Por ejemplo, hay datos que apuntan que el 65% de los alumnos de primaria tendrán trabajos que hoy todavía no existen, usarán tecnología que aún no ha sido inventada, y resolverán problemas que ahora mismo no consideramos como tales. Asimismo, el 47% de los oficios que existen hoy en día, se automatizarán en los próximos 20 años, y mucha de la información que consideramos relevante hoy, será obsoleta el día de mañana.

Por ello, tal y como explica Maria Xanthoudaki, directora de Educación en el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología Leonardo da Vinci de Milán, el tinkering es un método para explorar y comprender nuestro mundo cambiante mediante la ciencia, la tecnología y el arte. Es una metodología que empodera a los jóvenes para intervenir en el espacio que les rodea y cuyas propuestas abiertas e interdisciplinarias abarcan ámbitos científico-técnicos y artísticos.

Como afirmaba Maria Montessori, las manos son los instrumentos de la inteligencia humana, por lo que en el tinkering school, los materiales y herramientas son parte del “laboratorio intelectual” de la mente. En este sentido, Tulley -su creador- apoya el uso de materiales y herramientas que muchos padres considerarían “peligrosos” para los niños, ya que afirma que estos se benefician de este tipo de juego-aprendizaje, en donde terminan por sentirse cómodos vivenciando experiencias reales. Por tanto, creatividad, experimentación y ludificación son algunos de los ejes fundamentales del tinkering.

Tulley describe así su Escuela de Experimentación:

“Es una escuela donde los chicos pueden agarrar palos, martillos y otros objetos ‘peligrosos’ con plena confianza en su manejo, confiados en que no se lastimarán a sí mismos ni a otros. En el Tinkering School no seguimos un programa fijo y no hay exámenes. No intentamos enseñar algo específico.

Cuando los chicos llegan, se les confronta con muchas cosas: Madera y clavos, soga y ruedas, y un montón de herramientas, herramientas reales. Es para los chicos una experiencia de seis días de inmersión, y en ese contexto podemos ofrecerles a los niños tiempo, algo que suele ser escaso en sus vidas sobreagendadas. Nuestra meta es asegurarnos que ellos se van con un mejor sentido de cómo hacer cosas que cuando llegaron, así como la profunda noción interna de que uno puede descubrir cosas tan solo jugueteando.


Nada sale como es planeado, nunca. Y los chicos pronto aprenden que ningún proyecto resulta ser 'perfecto' y se adaptan a la idea de que cada paso dentro de un proyecto es un paso más cerca de la dulzura del triunfo. Empezamos con garabatos y dibujos y a veces hacemos verdaderos planes. En otras ocasiones solo empezamos a construir: Construir es el corazón de la experiencia. Los adultos actuamos como colaboradores, manteniendo el contexto en los proyectos y guiando hacia la meta. El éxito está en el hacer y se festejan y analizan los fracasos. Los problemas se convierten en rompecabezas y los obstáculos desaparecen (…) Surge una profunda comprensión y nuevos enfoques sorprendentes para resolver los problemas que momentos antes hacía que los chicos se sintiesen frustrados… Todos los materiales están a su disposición, incluso las bolsas de plástico pueden convertirse en puentes, más fuertes de lo que cualquiera habría imaginado… Y las cosas que construyen nos sorprenden a todos, incluso a ellos mismos”.

Imagen Ted Talks
Tulley afirma que vivimos en un mundo en donde los niños se encuentran frecuentemente sometidos a contextos de sobreprotección, en donde las regulaciones infantiles en cuanto a seguridad son cada vez más severas. Se pregunta -y nos anima a preguntarnos- hasta dónde puede llegar esta tendencia.

Una de nuestras ponencias más solicitadas* tiene que ver precisamente con recordarnos a todos, como padres y sociedad, hasta qué punto “cuidamos” de nuestros niños de “tantos peligros” hasta enseñarlos a desenvolverse sólo en un mundo “seguro”, un mundo muy distinto al real. En palabras de Tulley:

“Cuando redondeamos cada esquina y eliminamos cada objeto afilado, cada pedazo punzante del mundo, entonces la primera vez que los niños entren en contacto con algo afilado o que no esté hecho de plástico redondeado, van a lastimarse. Así que, a medida que los límites de lo que definimos como la zona de seguridad se hacen cada vez más pequeños, aislamos a nuestros niños de valiosas oportunidades para aprender a interactuar con el mundo que les rodea.”

Resalta que su propuesta no es una invitación al riesgo, sino más bien -todo lo contrario- una nueva visión de seguridad, una que nos permita preparar a nuestros niños ante vivencias reales, en donde puedan sentirse confiados ante los retos de la vida real.


Así, el tinkering, más allá de los laboratorios, cursos y campamentos que propone, invita a una novedosa visión de la educación en la que no solo se fomenta la adquisición de competencias, como el trabajo en equipo y la capacidad de aprender a largo plazo, sino que además prepara y empodera a los niños ante la aventura de explorar, conocer y comprender el mundo real.

Artículo de Kreadis con información de:

-Gever Tulley enTedTalks, LifeLessons Through Tinkering
-Gever Tulley enTedTalks, 5dangerous things you should let your kids do
-Maria Xanthoudaki, Tucreatividad no tiene límites 

*El valor educativo de la frustración

miércoles, 5 de octubre de 2016

Salman Khan: reinventando la educación


Foto: Bernardo Pérez
Nos encaminamos hacia una economía basada en el conocimiento, en la que éste es un elemento fundamental para generar valor, la educación adquiere aún mayor relevancia y la tecnología es la compuerta a la información.
En este post nos gustaría hablar de Salman Khan, uno de los pioneros de la revolución de la educación virtual. Este profesor, informático, ingeniero eléctrico y matemático, preparó una serie de videos para ayudar a sus primos a reforzar sus conocimientos académicos. Khan analizó el éxito de estos vídeos, así como dicho método educativo hasta fundar la Academia Khan, una entidad sin ánimo de lucro basada en el aprendizaje electrónico, con la misión de "proporcionar una educación de nivel mundial para cualquier persona, en cualquier lugar", traducida a más de 36 idiomas, en la que Bill Gates invirtió sin dudar.

jueves, 28 de enero de 2016

El alumno “brillante”: Identificar y nutrir talentos

Aunque se habla cada vez con más frecuencia de conceder importancia al proceso de aprendizaje más allá de los resultados, siguen siendo estos últimos los que organizan intervenciones y proyectos específicos que se desarrollan en el aula.


De alguna manera se ha supeditado la identificación de aquellos niños especialmente talentosos o con aptitudes que superan la media de sus compañeros, a los resultados obtenidos en términos de calificaciones altas –y constantes- en las materias troncales (como matemáticas, lengua, sociales y naturales). Muchos de estos niños, además, transitan un tanto más en solitario por su proceso de aprendizaje, dado que se suele considerar que “no necesitan ayuda” o al menos “no tanta”, en comparación a otros estudiantes cuyos resultados son más bajos o inestables.


jueves, 2 de julio de 2015

La caja contra el aburrimiento

Se acabó el colegio y ya llegaron las vacaciones, con su habitual ambivalencia.
Foto: Rick Ross
Qué ganas de terminar el cole, de que descansen los niños, y nosotros también. De no revisar más agendas, mochilas, deberes...
Ahora tienen más tiempo libre, nada fácil de gestionar. "Me aburro", ¿qué hago?, peleas entre hermanos, muchas horas con los videojuegos, la tele, el ordenador, se nos agotan las ideas y las fuerzas y a veces pensamos "qué bien estaban en el cole".

miércoles, 3 de junio de 2015

Design thinking como herramienta para enseñar empatía en el aula

En una época de creación e innovación como la actual, comenzamos a escuchar cada vez con mayor frecuencia el concepto de design thinking, que podría traducirse como pensamiento de diseño. Este es un concepto que se centra en aplicar la creatividad y la innovación a nuestras acciones, al proceso de toma de decisiones y resolución de problemas en nuestra vida cotidiana.
Esta metodología proviene de la forma en la que trabajan los diseñadores de productos o servicios y ha conseguido extenderse a otros contextos dada su amplia aplicabilidad. Conceptualmente, el design thinking puede ser utilizado pedagógicamente para potenciar las prácticas educativas. Como herramienta, puede ser usado para promover y enseñar empatía en el aula.


Imagen de Design Thinking en Español

martes, 24 de marzo de 2015

Las 8 habilidades clave para el éxito de los estudiantes: El modelo de la brújula

Los profesores que pretenden transformar las vidas de sus estudiantes comprenden la importancia de ir más allá de la enseñanza del currículum escolar, ayudándolos a  desarrollarse como adultos capaces y comprometidos. Estos ven más allá de las medidas cuantitativas de éxito, enfocándose en el núcleo de habilidades esenciales que pueden ayudar a los estudiantes a vivir de forma productiva y saludable.

Aunque el mundo de la educación ha cambiado mucho a lo largo de los años, la meta principal de la educación sigue siendo la misma: Proporcionar un buen andamiaje a los niños para que estos alcancen la autosuficiencia. ¿Cómo conseguir esto hoy en día cuando los resultados de los exámenes a menudo parecen más importantes que el desarrollo de niños preparados para afrontar los desafíos de la vida profesional?