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domingo, 2 de julio de 2017

¿Ansiedad de tu hijo frente al campamento de verano? Algunas claves para gestionarla

Foto: Robert Jahns
Con el fin del curso escolar y el inicio de las vacaciones, son muchos los padres que optan por apuntar a los niños a campamentos de verano. Cuando pensamos en éstos solemos imaginar niños jugando, divirtiéndose y pasándola bien, sin embargo, son muchos los casos en donde resulta una situación emocionalmente difícil para algunos hijos (y padres).

En estos casos, suele infravalorarse o ignorarse la ansiedad que pueden experimentar los niños, la cual es una reacción natural frente a la ruptura de la rutina, el contexto desconocido y los nuevos retos y situaciones que percibe que enfrentará; y en el caso de los campamentos fuera de la ciudad, a la separación física de los padres.

La mayoría de los niños experimentan una mezcla de emoción y nerviosismo, y en los casos más frecuentes y sencillos de gestionar, el entusiasmo vence a los nervios. Sin embargo, algunos niños presentan un nivel de ansiedad lo suficientemente importante que termina interponiéndose en lo que debería ser una experiencia de disfrute y desarrollo.

Los campamentos de verano suelen ser contextos que permiten afinar y ensayar distintas habilidades: adaptabilidad social, seguridad en sí mismo, tolerancia a la frustración… La experiencia allí vivida puede fomentar habilidades sociales y cultivar la autonomía e independencia, a la vez que alimenta la seguridad a través de las distintas actividades que se realizan. 

La actitud de los niños para participar a gusto en un campamento de verano, depende tanto de la preparación (edad, experiencias anteriores…), de las condiciones del campamento (si vuelve a casa todos los días o se trata de un campamento a las afueras, si conoce a algún compañero que también participará en él), de la actitud de los padres, así como del temperamento del niño y la evaluación que hace de las dificultades que prevé que pueda encerrar la situación.

La clave para ayudar a tu hijo a superar los “nervios pre-campamento” es reconocer sus sentimientos y emociones, y proporcionarle las herramientas para gestionarlos.

Aquí algunos tips que pueden ser de ayuda:

1. Permite que tu hijo desarrolle un sentido previo de pertenencia y apropiación de la experiencia. Involúcralo en la elección del campamento, ayúdalo a familiarizarse con el contexto del mismo. Muéstrale qué actividades va a realizar, de manera que pueda superar el bloqueo o la ansiedad de la incertidumbre o duda, y formularse expectativas al respecto.

2. Alimenta el entusiasmo de tu hijo frente al campamento. Comprad juntos los materiales, ropa o equipamiento que necesite, e intentad enfocaros en las cosas que conocéis del campamento (y por tanto se pueden anticipar) que le puedan hacer ilusión.

Foto: Jorge Collado
3. Evita enfocarte en lo que aumenta la ansiedad del niño. En lugar de hacer preguntas dirigidas como “¿Estás nerviosa por los paseos fuera de la ciudad?”; haz preguntas abiertas como “¿Qué tal te sientes en cuanto a los paseos?”.
4. Evita trivializar sus preocupaciones o intentar tranquilizarle con promesas y palabras simplistas o con una seguridad superficial: “¡No hay nada de qué preocuparse!”, “Pero si todos los niños que van están que revientan de emoción!”. Este tipo de frases pueden ser contraproducentes y desmotivar aún más al niño, a pesar de que se hacen con la intención contraria. Intenta, en su lugar, demostrar que entiendes sus preocupaciones y mostrar empatía.

5. Reflexiona acerca de tus propias experiencias en relación con el tema y comparte los aspectos positivos de éstas con tu hijo. Muéstrale que estás dispuesta/o a hablar acerca de las cosas que estará haciendo, bien se trate de comer y probar nueva comida, conocer y llevarse bien con compañeros, o enfrentarse a nuevas actividades.

Foto: Francisco Amor
6. Si es necesario, ¡ensayad!.  Una ‘quedada’ con amigos menos cercanos, una noche en casa de la abuela con los primos, juego de roles en casa para disipar los miedos… Sé creativa/o y ensaya formas que le hagan más fácil a tu hijo afrontar la nueva experiencia.

7. Se consciente de tus propias ansiedades. “Que el niño no coma adecuadamente, que no haga amigos, que no lo pase bien o que se niegue rotundamente a asistir…”, piensa en todo aquello que te puede generar inseguridad para evitar filtrarla al niño. Recuerda que tu hijo puede captar tus emociones y sentimientos aun cuando no los verbalices.

8. En los casos de campamentos fuera de la ciudad, evita las despedidas largas y ‘dramáticas’. Muchas veces los padres experimentan un mayor nivel de ansiedad de cara a la separación del hijo que el mismo niño. Es necesario que, incluso en la despedida, podamos transmitir al niño la confianza que sentimos en él. Es necesario evitar las despedidas muy largas, ya que estas suelen aumentar los sentimientos encontrados del niño.

9. Ayuda a tu hijo a hacer planes realistas acerca de alguna actividad que le preocupe particularmente. Explorar de forma imaginaria las distintas vías de afrontamiento puede ayudarle a ver que es capaz de gestionar las situaciones temidas y, sobre todo, generar soluciones e ideas. Asimismo, el poder generar ideas para tolerar la frustración o ser flexibles al pensar en soluciones, dota al niño de una sensación de éxito que disminuye los miedos fantaseados.

10. Si tu hijo tiene algún tipo de dificultad psíquica, emocional, de aprendizaje o médica, no lo guardes en secreto. Es necesario que los monitores y el personal del campamento puedan tener la información necesaria para prevenir problemas y sacar el máximo partido de la experiencia de tu hijo. Asegúrate, además, de hacerle saber al niño que los monitores están ahí para ayudarle, tanto en lo que respecta a dudas o preguntas simples, como a otros temas que puedan ser de mayor importancia.

En general, la preocupación surge de las situaciones de incertidumbre, por tanto, reducirla en la medida de lo posible, ayudará al niño a disminuir su ansiedad. Es necesario que recordemos que la ansiedad y preocupación puede distorsionar el sentido en el que se percibe la realidad, por lo que la intervención de los padres en la gestión de estos sentimientos es de gran importancia y valor, ya que cuando dichas preocupaciones se reiteran sin mediar en ellas y gestionar las emociones que generan, se incrementa la sensación de indefensión del niño.

En la mayoría de los casos, los nervios del niño vienen del hecho de anticipar las posibles dificultades a las que habrá de enfrentarse. Muchas veces estas dificultades que anticipa son reflejo de dificultades reales en su regulación emocional o social. De aquí la importancia que tiene no pasarlas por alto o ignorarlas, sino proporcionar las herramientas para superar las dificultades y facilitar que el niño pueda sacar el mayor provecho de esta experiencia de cara a su desarrollo.


Artículo de Kreadis con información de: Asociación de Psicología Americana, Child Mind Institute, y Consejo General de la Psicología de España.

sábado, 13 de mayo de 2017

Descifrando el código del sufrimiento emocional en el estudiante

En posts anteriores hemos podido ver cómo el proceso de aprendizaje puede verse afectado en los casos en los que el cerebro tiene algún tipo de sufrimiento, dolor o padecimiento. En este sentido, consideramos de gran ayuda el que las personas implicadas en el proceso de aprendizaje tales como profesores, padres, educadores, etc., puedan conocer las claves del sufrimiento emocional de los adolescentes para poder entender qué les pasa y saber cómo poder ayudarles.

Cuando no se es consciente de que existe esta posibilidad, tanto los adultos implicados en el tema como los propios adolescentes se sienten atrapados y no resulta fácil salir de estas situaciones de bloqueo emocional.

En este sentido, apuntamos algunas claves que podrían ayudar a desbloquear este tipo de situaciones y determinar cómo poder ayudar a los estudiantes a cambiar sentimientos y estados emocionales de hostilidad, depresión, ira...en algo que resulte positivo y constructivo para ellos.

Nos gustaría aprender a responder y ayudar a los estudiantes cuyas respuestas al estrés se activan de manera crónica y hacerle saber que ellos y sus comportamientos son algo más que solamente su parte genética o sus aspectos biológicos, o su historia y bagaje familiar y de su entorno.

También sería de mucha utilidad el saber compartir con los jóvenes más frágiles que sus traumas del pasado pueden fortalecerse, en lugar de endurecer sus mentes y sus corazones.

No es necesario vivir en constante conflicto y dolor.

Lo que intenta comunicar el comportamiento ‘negativo’ del estudiante

Las personas que sufren, de manera no intencionada, suelen causar dolor a otras personas. Esto ocurre dado que, cuando los adolescentes se sienten amenazados, se protegen de la mejor forma que pueden o que saben: mienten, manipulan y sufren la ruptura de las relaciones con sus iguales cuando éstos les perciben como inseguros, impredecibles y/o amenazantes.

Foto: Alfonso Martí
Tales comportamientos pueden ser interpretados como una forma de comunicación y en estos casos resulta educativo y constructivo poder leer entre líneas o intentar descifrar qué es lo que realmente están intentando comunicar este tipo de conductas (desafiantes, rebeldes o no deseables).

Una vez que vemos y entendemos estas manifestaciones como formas de comunicar un estado de dolor y sufrimiento, que el adolescente es incapaz de expresar verbalmente, o de otras maneras, será posible hacerse la pregunta: ¿qué fortalezas esconden estos jóvenes? Y poder sacarlas a la luz y mostrárselas a ellos.

Esto se podría considerar como el comienzo de un proceso saludable de “cura”. Tan solo con un pequeño cambio de foco en la relación que se mantiene con ellos, ya sería posible generar un cambio.

El modo en el que nos acerquemos a ellos irá cambiando, así como el tipo de preguntas que les iremos haciendo.

No es lo mismo preguntar ¿qué es lo que pasa contigo? De manera inquisitiva, que preguntar ¿sabes si te has podido haber equivocado en algo? Si es así, ¿hay algo que crees que podrías haber cambiado?

Las siguientes preguntas pueden ser de gran ayuda para esos momentos en los que nos sentimos atrapados. Se podrían utilizar como excelentes iniciadores de conversaciones que pueden provocar reflexión en los jóvenes, que pueden ayudar a que tengan otras perspectivas, sentimientos y pensamientos a los que quizás no pudiesen detectar o entender por sí mismos:

1. ¿Qué quieres?
2. ¿Tiene un plan?
3. ¿Qué necesitas para llevarlo a cabo?
4. ¿Cuáles son tus recursos?
5. ¿Cómo puedo ayudarte?
6. ¿Qué sería lo que te podría resultar difícil?
7. ¿Cuál podría ser el mejor resultado posible si pones el plan en marcha?
8. ¿Qué es lo peor que podría pasar?
9. Tu interpretación del tema, ¿qué nivel de realidad tiene del 1 al 10?
10. ¿Qué te hace pensar que esto es así y en qué te basas para decir esto?
11. ¿Cuál sería el primer paso que tendrías que dar para mejorar esta situación?

Cuando se les escucha con la mente abierta y de manera sensible y atención plena, es probable que se pueda identificar si las respuestas que nos facilitan son justificadas. Esta es una gran oportunidad para validar lo que se escuchó y simplemente estar presente.

Restablecimiento de las expectativas

A continuación, presentamos tres procesos colaborativos que ayudarán a los estudiantes a reajustar sus expectativas y a enfrentan un desafío académico, emocional o social.

1. “Recableando” los cerebros de los adolescentes / estudiantes

Foto: Sergio Sánchez
Una primera sugerencia es que los profesores confeccionen una lista de puntos o palabras clave sacadas de las que cada estudiante haya utilizado al compartir sus sentimientos y pensamientos. Estas palabras pueden luego incorporarse a una historia que los propios estudiantes generen como parte de un trabajo a una actividad que puedan compartir. La finalidad es que sea el profesor el que pueda ayudar a los estudiantes a percibirse como expertos en sus propias vidas. Como co-diseñadores, podremos ayudarles a dibujar un mapa mental que pueda ilustrar los pensamientos y sentimientos de los estudiantes y les ayude a entender nuevas opciones y oportunidades, y puedan percibir sus retos como algo que puede conquistarse.

Nuestros cerebros están diseñados y cableados para procesar los cambios y son capaces de realizar nuevas conexiones con cada nueva experiencia, pensamiento y relación que realicemos. Esta plasticidad ofrece una estupenda oportunidad a profesores, educadores y padres para poder ir generando nuevas conexiones en el cerebro del adolescente con sufrimiento emocional.

2. Aprendiendo de las emociones

Sería muy interesante que profesores y educadores asumiesen la responsabilidad de compartir con sus estudiantes los avances que se han realizado en cuanto a la investigación del funcionamiento del cerebro. Los descubrimientos en neuroanatomía de los años 90 nos permitieron observar imágenes en directo de los procesos metabólicos del cerebro. En cuanto un cerebro responde a una orden o ante una imagen, sus sentimientos y lóbulos cognitivos se activan. Ahora podemos comprender el importante papel de las emociones, así como el impacto del estrés en la función cerebral y el aprendizaje. El hecho de compartir esta información con los estudiantes puede mejorar sus métodos de autoevaluación, incrementando así sus respuestas personales a la estimulación y una mejora de su sentido de eficacia.

3. Bienestar del Maestro

No hay nada más significativo en la relación estudiante-maestro que la autoconciencia y autocuidado del propio educador. Nuestros estados emocionales (nuestro afecto no verbal) acaban permeando y afectando nuestras relaciones con los estudiantes. Todo lo que sentimos y experimentamos cuando nos relacionamos con ellos es rápidamente y de manera inconsciente recogido por ellos y replicado por ellos también. No podemos ignorar que existen estados de contagio emocional. Para contrarrestar estados de “contagio negativo” hay recursos interesantes que pueden resultar de gran ayuda, como la práctica del yoga, la lectura, caminar, etc. Un consejo es planificar cada día dos actividades que sean nutritivas para el educador, que le llenen emocionalmente, de manera que ayudan a mejorar las relaciones con los estudiantes. Desapegarse en estos momentos es fundamental para el bienestar del educador.

Como dijo una vez el poeta Mary Oliver, "¡La única vida que puedes salvar es la tuya propia!"

Como profesor, ¿qué prácticas de autocuidado llevas a cabo? ¿Y cómo ayudas a los jóvenes a trabajar y aprender de sus emociones? Preguntas reflexivas como esta, son una herramienta clave para profundizar en la comprensión y gestión del mundo emocional, de manera que alimenten un clima sano para nuestros estudiantes y adolescentes.

Artículo elaborado por Kreadis con información de:

Desautels, Lori, "Cracking the Code of Student Emotional Pain" (2015). Scholarship and Professional Work – Education. Paper 103. - http://digitalcommons.butler.edu/coe_papers/103


jueves, 11 de mayo de 2017

La gestión de los padres en los conflictos entre hermanos

La relación entre hermanos representa un espacio de ensayo natural para que los niños aprendan sobre su mundo y sobre las relaciones. Se trata de un lugar seguro en donde pueden ensayar cómo interactuar con otros, aprender a gestionar los desacuerdos y conflictos, así como a regular sus emociones de manera sana. Las relaciones entre hermanos proporcionan un contexto para el desarrollo de la comprensión de sus mundos sociales, emocionales, morales y cognitivos. En particular, los hermanos juegan un importante rol en el desarrollo de la comprensión respecto a la individualidad de otros, es decir, sus emociones, pensamientos, intenciones y creencias.

Los hermanos representan figuras alternativas de apego y los beneficios de establecer relaciones cálidas, seguras y positivas pueden extenderse a lo largo de la vida del niño. Estas relaciones son esenciales para su adaptación psicosocial en la infancia y desempeñan un papel clave en su desarrollo emocional. De todo ello deriva la importancia de que sepamos promover las competencias sociales y emocionales que se despliegan en la dinámica entre hermanos, e intervenir en casos de dificultades para fomentar las experiencias positivas en la relación entre ellos.

Según las psicólogas Nina Howe y Holly Recchia, son 4 las principales características que se presentan en las relaciones entre hermanos durante la primera infancia:

-En primer lugar, las interacciones entre hermanos son relaciones definidas por fuertes emociones, sin inhibiciones, que pueden tener una carga emocional de distintas cualidades, positiva, negativa y, a veces ambivalente.

-En segundo lugar, las relaciones entre hermanos son definidas por la intimidad: cuando son jóvenes gastan grandes cantidades de tiempo jugando juntos, se conocen muy bien. Esta larga historia y un profundo conocimiento, se traducen en oportunidades para proporcionar apoyo emocional e instrumental los unos a los otros, con la participación en juegos de simulación para el conflicto y para entender los puntos de vista de los demás.

-En tercer lugar, las relaciones entre hermanos se caracterizan por grandes diferencias individuales en la calidad de las relaciones de los niños entre ellos.

-En cuarto lugar, la diferencia de edad entre los hermanos a menudo hace que las cuestiones de poder y control, así como las rivalidades y los celos, sean fuentes de contienda para los niños, pero también proporcionan un contexto para intercambios complementarios, como enseñar, ayudar y cuidar. 

Las relaciones entre hermanos a veces se convierten en un aspecto de difícil gestión para los padres, debido a la naturaleza potencialmente emocional y altamente cargada de la relación. En este sentido, muchos padres se ven en la necesidad de intervenir en las discusiones, juegos o situaciones que se dan en la relación entre los hermanos. Es natural que padres y madres deseen intervenir en las peleas y conflictos entre sus hijos. Sin embargo, muchas veces dicha intervención redunda -contrario a lo que los padres pretenden- en mayor rivalidad entre los hermanos, coartando así la posibilidad de aprendizaje que puede derivarse de los avatares de la interacción entre ellos.

Cuando pensamos en las relaciones entre hermanos hemos de tener en cuenta que el ambiente familiar, contra-intuitivamente, no es idéntico para todos los hermanos, ya que cada uno de ellos es diferente y por ello interiorizan de forma distinta las experiencias a lo largo de la vida. Además de esto, la relación entre los padres y cada hijo es particular y única. Suelen haber diferencias entre la aproximación de los padres a cada hijo que dependen de una gran variedad de factores, tales como la personalidad del niño, el momento de su nacimiento, la edad y experiencia de los padres o, incluso, el contexto de la familia extensa (apego y relación con tíos, abuelos…).

Desde el enfoque sistémico, la familia es un sistema complejo y siempre en movimiento, que está formado por dos sub-sistemas: el parental y el fraterno. Cada subsistema tiene sus roles, reglas, dinámicas y límites, y en muchos casos, la intervención del sistema parental en el fraterno, altera su dinámica e interfiere con el equilibrio que busca la relación. En determinadas ocasiones, la intervención de los padres en la interacción entre hermanos, puede catalizar las relaciones de conflicto, en especial cuando el trato es marcadamente diferencial o cuando se despliegan juicios acerca de uno o varios hijos como intento por remediar el conflicto.

Padres y madres buscan, con frecuencia, evitar las peleas entre hermanos, y aunque no existe una regla universal para mediar en dichos conflictos, sí existen aspectos generales a tener en cuenta, tales como:

• Crear un ambiente familiar positivo, en donde se fomente la solución de los problemas a través de la comunicación y la ayuda. Para ello es de vital importancia que todos los miembros de la familia se sientan cómodos para expresar sus sentimientos y emociones.

• Fomentar la autonomía, la independencia, la responsabilidad y la comunicación en nuestros hijos; que se sientan queridos, respetados y apoyados.

• Dedicar tiempo a los hijos e hijas, esto quiere decir, dedicar tanto tiempo compartido con todos ellos y tiempo individualizado con cada uno de ellos.

• Fomentar las actividades conjuntas de toda la familia y de los hermanos y hermanas.

• Evitar las etiquetas y las comparaciones. Aunque este aspecto resulta en la vida cotidiana harto difícil de conseguir (ya que a veces no provienen específicamente de los padres, sino de maestros, familiares, amigos…), es necesario tener en cuenta que cada niño es una persona independiente que vive momentos diferentes, y que está en un proceso continuo de aprendizaje.

Aunque es indispensable intervenir en los conflictos entre hermanos en donde el juego o la situación se torna agresiva o injusta, es necesario fomentar la resolución de conflictos entre hermanos por ellos mismos, con la mínima intervención de los padres. Esto no quiere decir que los padres no puedan ser facilitadores en dicho proceso de resolución, de hecho, esta función facilitadora es de vital importancia para evitar que se considere la agresión como vía de solución de conflictos.

El psicólogo Luciano Montero, propone como recomendación un sistema de cinco pasos que sirven de guía para dirimir las disputas entre hermanos, respetando los límites y dinámicas propios de la relación entre ellos:

-Primero, cada niño expone su punto de vista;
-Segundo, para asegurarse de que el otro lo entiende, lo repite con sus propias palabras (y si es muy pequeño, los padres proporcionan la ayuda para su expresión);
-Tercero, ambos niños repasan y sopesan las posibles soluciones (también les podemos ayudar o hacer preguntas que faciliten su comprensión de la situación, del punto de vista del otro y la posible solución);
-Cuarto, eligen un desenlace que satisfaga a ambos;
-Quinto, planean cómo ponerlo en marcha. Todo con nuestra ayuda, pero sin sustituirlos.

Durante este proceso es necesario que evitemos, en la medida de los posible: Descalificaciones, burlas ante las conductas inadecuadas, privilegios de unos hijos frente a otros y comparaciones entre ellos.

Puede ser sumamente difícil y retador el evitar hacer juicios o intervenir de manera intrusiva en la dinámica y conflictos entre hermanos, en especial cuando la conducta de estos puede parecer injusta o agresiva. Evidentemente, hemos de mediar en las situaciones en donde hay un desequilibrio marcado, una tendencia agresiva o en situaciones que pueden desembocar en un peligro emocional o físico para los hermanos. Sin embargo para ello, hemos de intentar evitar el juicio adulto y mediar desde la neutralidad, teniendo en cuenta que estamos interviniendo en un subsistema ajeno al parental, dotado de sus propias reglas y particularidades.

Es necesario ser conscientes, además, de cómo solemos afrontar los conflictos en general, y ser sensibles ante la tendencia natural a emitir juicios acerca de las conductas que consideramos erróneas, inadecuadas o negativas. Precisamente sobre el aspecto de los juicios que hacemos, Jane Lansbury, seguidora de Magda Gerber en la educación y cuidado en la primera infancia, reflexiona acerca de algunas razones por las cuales no resulta beneficioso intervenir desde nuestro juicio adulto en la relación entre pares. Entre los puntos que rescatamos de sus reflexiones, está el hecho de que el juicio parental crea una distancia con respecto a los hijos y entre hermanos, que resulta improductiva y dolorosa.

En este sentido, hemos de tener en cuenta que el comportamiento de nuestros niños suele ser el reflejo de su nivel de adaptación y mundo emocional. Los impulsos agresivos o de control, suelen mitigarse cuando el niño accede a su comprensión, más que cuando los culpabilizamos o avergonzamos por sentirlos o tenerlos. Los niños requieren de nuestra ayuda con respecto a la comprensión y control de estos impulsos, teniendo en cuenta que estos tienen un sentido según el contexto emocional del niño.

Los niños suelen aprender a comprender sus propias emociones y comportamientos cuando se sienten aceptados por sus padres y cercanos. El juicio suele distanciar y dicha separación es atemorizante para los niños. Esta sensación puede redundar en un incremento de las conductas “negativas” como un intento de reafirmación. Asimismo, cuando emitimos opiniones acerca de nuestros hijos, vamos dando forma a la manera en la que se perciben a sí mismos. El juicio paterno y materno puede caer en etiquetar ciertas conductas y por tanto, limitar su desarrollo y su identidad.

Vemos así como la gestión sana de los conflictos entre hermanos desde los roles parentales, es un aspecto de gran importancia en su desarrollo. Es indudable que los niños necesitan límites e intervención y mediación por parte de los padres, sin embargo, recordemos que desde nuestro rol parental, hay dinámicas de la íntima relación entre pares que no somos capaces de vislumbrar, por lo que nuestra intervención siempre ha de tener en cuenta la perspectiva y experiencia de los hijos.

Los niños tienen una profunda necesidad de aceptación y empiezan a mirarse a sí mismos de la forma en la que son percibidos y “mirados” por otros. La relación entre hermanos es una relación de aprendizaje. Y este aprendizaje incluye la práctica de habilidades sociales adaptativas, resolución de conflictos, tolerancia a la frustración, capacidad de auto-regulación y el desarrollo de habilidades y comprensión emocional; todos ellos aspectos que necesitan ser ensayados en la relación entre hermanos. Así, el punto clave en la mediación e intervención por parte de los padres en las dinámicas y conflictos entre hermanos, es que esta sea lo suficientemente sensible y respetuosa como para no limitar las infinitas oportunidades de aprendizaje que esta proporciona.

Artículo de Kreadis, con información de:
-Fernández, A., Gamarra, A., Izal, C., Betelu, M. (2001). La familia ante los celos infantiles: Pautas y orientaciones. Gobierno de Navarra, Departamento de Educación y Cultura.
-Guía sobre orientación familiar CEAPA. Gestionar las relaciones entre hermanos y las relaciones intergeneracionales con la familia extensa y los nuevos modelos de familia. Marzo 2014.
-Nina Howe y Holly Recchia. Las relaciones entre hermanos y su impacto en el desarrollo de los niños. Department of Education and Centre for Research in Human Development, Concordia University, Canadá. Diciembre 2014, Ed. rev. (Inglés). 

miércoles, 8 de marzo de 2017

Promover una imagen corporal sana en los niños

La imagen corporal tiene que ver con la forma en la que el niño se percibe y se valora. En muchas ocasiones, los conflictos que presentan los niños en cuanto a este tema, enmascaran otro tipo de cuestiones de orden relacional y emocional. 

De aquí que valoremos como fundamental que podamos proporcionar a nuestros niños todas las herramientas necesarias para que puedan hacer una construcción sana de su imagen corporal, siendo sensibles, asimismo, ante las dificultades que presentan en este sentido para garantizar la ayuda y el fortalecimiento de su autoestima y desarrollo emocional.

Resumimos algunos puntos a tener en cuenta en la siguiente infografía:



¿Quieres profundizar sobre este tema o necesitas hacer una consulta relacionada con ello? 
Escríbenos a info@kreadis.com

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Motivar a los estudiantes: Las 10 C’s para llenar de emoción cada clase

Hay una distinción entre los profesores que buscan entretener u “ocupar” a sus estudiantes, y aquellos que realmente consiguen comprometer a los mismos. Hay, asimismo, una diferencia entre los educadores que atienden a los niños y aquellos que los cautivan. Nuestro fin último como facilitadores y educadores, es que los estudiantes estén plenamente comprometidos en las actividades y en el proceso académico, que los mismos alberguen un significado personal para ellos que permita conectar la emoción con lo aprendido y que los movilice de manera profunda.


sábado, 29 de octubre de 2016

Apoyar a los estudiantes en duelo: 5 Claves para los educadores

La gran mayoría de los profesores y educadores sienten el deseo y responsabilidad de ayudar a aquellos estudiantes que atraviesan por un proceso de duelo, sin embargo sienten en muchas ocasiones que carecen de los conocimientos y preparación apropiados para hacerlo. Aun así, aunque la formación en este sentido es muy favorable, no se requiere de una preparación exhaustiva y extensa para que puedan marcar una diferencia positiva en sus estudiantes. Este post pretende introducir información básica que pueda colaborar con los educadores en dicha labor.


martes, 16 de agosto de 2016

14 mensajes que todo estudiante necesita escuchar de su profesor

Este es un post sencillo acerca de los mensajes que han de subyacer a la relación estudiante-
profesor (o estudiante-colegio) para poder construir relaciones duraderas y verdaderamente nutritivas para ambos.

martes, 24 de marzo de 2015

Las 8 habilidades clave para el éxito de los estudiantes: El modelo de la brújula

Los profesores que pretenden transformar las vidas de sus estudiantes comprenden la importancia de ir más allá de la enseñanza del currículum escolar, ayudándolos a  desarrollarse como adultos capaces y comprometidos. Estos ven más allá de las medidas cuantitativas de éxito, enfocándose en el núcleo de habilidades esenciales que pueden ayudar a los estudiantes a vivir de forma productiva y saludable.

Aunque el mundo de la educación ha cambiado mucho a lo largo de los años, la meta principal de la educación sigue siendo la misma: Proporcionar un buen andamiaje a los niños para que estos alcancen la autosuficiencia. ¿Cómo conseguir esto hoy en día cuando los resultados de los exámenes a menudo parecen más importantes que el desarrollo de niños preparados para afrontar los desafíos de la vida profesional?

martes, 18 de noviembre de 2014

La influencia de los conflictos parentales en los hijos

Obra de Rovira Giménez
Un reciente estudio llevado a cabo por la Universidad de Leicester (Reino Unido) concluye que los niños pueden presentar diferentes problemas emocionales y conductuales en función de cómo interpretan los conflictos que surgen entre sus padres.
La investigación se realizó con el objetivo de entender por qué las discusiones familiares impactan negativamente en unos jóvenes más que en otros.

sábado, 1 de noviembre de 2014

El contexto emocional en el aprendizaje: Un punto de partida para superar la apatía de los estudiantes

Recientemente hemos escuchado acerca de un profesor que decidió crear una aproximación más dinámica en su clase de historia, enseñando las lecciones en una dirección diferente: empezando por el presente, el día de hoy. “Este es el mundo que te rodea actualmente y esta es la forma en la que experimentamos vivir en él. ¿Qué ha pasado a lo largo de los últimos 20 años para llegar a donde estamos actualmente? ¿Qué pasó diez años antes de eso?”. Curiosamente, este profesor se encontró con gran resistencia por parte del colectivo de padres, quienes pensaban que esta aproximación era una locura.