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jueves, 16 de noviembre de 2017

Aumentar la autoestima en niños que se infravaloran



"Soy un torpe",
"Nunca consigo terminar nada",
"Nadie quiere estar conmigo",
"Siempre tengo la culpa de todo",
"Todo me sale mal".

Estas expresiones pueden estar significando que vuestro hijo se infravalora. Aquí os pasamos algunas pistas a través de 5 etapas para poder ayudar a vuestros niños a tener una mejor imagen de sí mismos  proporcionarles herramientas para afrontar el miedo a cometer errores y comunicarse de manera más eficaz y positiva.
1.     Fuera Etiquetas. "tú eres inteligente", "eres muy guapo", "eres tonto", "eres muy creativo"; este tipo de frases conforman la imagen que el niño se va haciendo de sí mismo. Es preferible que él se sienta y conozca sus dotes, talentos y fortalezas. Éstas se van evocando y generando a medida que pasa el tiempo. De esta forma, es conveniente evitar los "tú eres" a favor de una forma más descriptiva de lo que representan sus actos y que expresan nuestros sentimientos al respecto (incluyendo el "yo" o la primera persona). "veo que te has atado los cordones tu solo", "me encanta ver cómo te esfuerzas". Concentrarse en lo que hace y valorar sus esfuerzos e intenciones es la clave.
2.   Habituarles a no tener miedo a fallar. Frases del tipo "todo se consigue con la experiencia",  "la experiencia es la que hace que aprendamos", "cada error es un nuevo paso hacia el éxito" o "tienes todo el derecho a equivocarte", constituyen buenos ejemplos para conseguir esta habituación. Se puede incluso hacer un juego en familia: "los errores del día". Alrededor de una mesa cada uno comenta uno o varios errores que reconozca haya tenido ese día, lo que aprendió y lo que puede cambiar y/o mejorar al respecto. Si alguno de los participantes no encontrase mejoras u oportunidades, ni le resultase fácil identificar interpretaciones positivas, el resto de la familia pueden ayudar contando alguna de sus anécdotas y la forma en la que ha visto que la mejoró o consiguió tener éxito. Este tipo de intercambios desmitifican el error y permiten adoptar diferentes perspectivas. Otro de los puntos fuertes de esta dinámica es el propio entrenamiento en el hecho de podar contar sus situaciones, experiencias y anécdotas, sin ser juzgado, así como aprender a poner palabras a sus propias emociones. Esto dota de sentido a sus pensamientos y calma las reflexiones mentales (que suelen conllevar autocríticas).
3.     Apoyarse en los aspectos positivos. Cuando un niño saca una nota de un 4, no es conveniente añadir un punto de humillación a su decepción. Alentar sus esfuerzos observando y remarcando lo que ha logrado y todo lo que ha trabajado para conseguir mejorar y luego corregir los errores junto con él hará que no se sienta humillado. La ventaja de hacerlo es triple: - se adquieren una buena base para poder comentar errores e identificar áreas de mejora; se motiva al niño aprovechando sus éxitos y también se modifica el efecto de la escuela para que el niño no se hunda y no se sienta atacado, de lo contrario se puede correr el riesgo de abordar cada evaluación en clase con un estado mental negativo y experimentará ansiedad anticipatoria.
4.     Nada de acusaciones. Las acusaciones (como amenazas y gritos) provocan un efecto de bloqueo en el cerebro del niño. Esto hará que no le resulte fácil reflexionar y quedará "enganchado" en sus pensamientos negativos, cortando por completo el diálogo. En estos casos, es recomendable respirar y ayudarle a expresarse, promoviendo su crecimiento y desarrollo sano. No es aconsejable hablar en estos casos de "culpa".
5.     Reformular lo que dice el niño. Cuando un niño usa palabras como "nunca",  "siempre", "todos", "ninguno". hay que escucharle activamente e intentar reformular lo que ha dicho. La mejor manera es evocando sus emociones y mostrándole una nueva perspectiva. Si él dice: "¡Nunca puedo hacerlo!" , el hecho de repetir la frase como un eco diciendo "no puedes hacerlo por el momento ", o hablando de un éxito pasado " ¿recuerdas cuántas veces intentaste mantener el equilibrio en tu bicicleta y cómo al final lo conseguiste? "), o plantearle la situación con visión a futuro "cuando llegues allí ...", "cuando lo consigas..."
Ejemplo: Luis acaba de perder un partido de fútbol. Su padre lo escucha sin juzgar y cuidando su lenguaje corporal (evitando mostrar descontento, decepción). A continuación reconoce sus sentimientos y le ayuda a que él mismo pueda verbalizarlos (rabia, tristeza, enfado, decepción...). Luego pasa a evocar experiencias positivas que tuvo en el pasado y le invita a hacer sus comentarios pasando del "yo" al "nosotros de forma de consiga un anclaje positivo a través de la disociación. Finalmente, le muestra que el poder reírse de situaciones como esta ayuda a que pueda adoptar puntos de vista que mejoren su humor y le hagan sentir bien, lejos de degradarle.
- ¡Nunca hago nada bien! ¡Lo mío es dibujar!
- Veo que lo que acabas de decir te afecta bastante. ¿Te gustaría decirme qué pasó?
- ¡Nunca consigo meter goles en los partidos y todos se ríen de mí!
- ¿Crees que nunca marcas goles, que no eres buen jugador y que los demás se ríen de ti por ello? ¿Es eso lo que quieres decir?
- ¡Sí!
- ¿Te acuerdas de tu último partido en el que marcaste desde el centro del campo?
- Sí.
- ¿Te acuerdas de la cara del portero cuando se enteró de que el balón había entrado?"
- ¡Sí!
- ¿Qué sentiste?"
- ¡Estaba orgulloso! Era la primera vez que había marcado hasta ahora.
- ¿Qué hay de tus compañeros de equipo?
- Intentaron llevarme a hombros al final del partido
- Creo que eso demuestra que eres importante para ellos.
- Es verdad.
- Todos habéis experimentado derrotas y victorias.
- Sí.
- ¡Y a veces te ríes cuando ha habido algún fallo; como el día que Ricardo marcó en propia portería cuando se cayó de culo.
"¡Sí!
- ¡Pues hay que seguir aprendiendo y estar listo para vivir nuevas aventuras!

Con este tipo de intervenciones estaremos ayudando al niño a que se sienta capaz de actuar ante los obstáculos, de forma que acepten la responsabilidad de sus actos y pueda ir aumentando su autoestima.
Un niño con baja autoestima y que se infravalora de manera habitual, suele anticiparse a sus fracasos, se rinde antes de tiempo, muestra desesperanza ante situaciones en las que tiene que mostrar su valía, piensa que no hay nada que pueda hacer para cambiar esta dinámica, suele pensar que se esfuerza menos que los demás o que no lo intenta lo suficiente y esto es porque él ya cree haber fracasado antes de intentarlo.
Por el contrario, un niño con la autoestima alta, además de influier en su rendimiento académico de manera positiva, cree en sí mismo aunque se equivoque, de manera que cuando aparezca el fracaso, lo seguirá intentando, aumentando así las probabilidades de éxito. La alta autoestima también se asocia a mayor creatividad, mayor responsabilidad, más autonomía y mejora del desarrollo personal.
Y por último, un aspecto clave es la confianza que tenemos en el niño. Hay que confiar en él, si es así, el niño también creerá en sus posibilidades y se arriesgará más. Es importante hacer sentir al niño importante basándose en sus fortalezas y en su capacidad de mejora y tesón, de forma que se fomenten y mejoren sus habilidades e intereses.

Artículo preparado por Kreadis con información de:
- Les phrases à dire à un enfan qui s'auto-dévalorise - Papa positive - Jeff
- J'aide mon enfant à déveloper son estime de soi - Bruno Hourst
- ¿Qué puedo hacer para mejorar la autoestima de mi hijo? - Omicrono











lunes, 30 de octubre de 2017

7 tips para padres cuyos hijos atraviesan dificultades en la lectura

La lectura empieza y termina en casa. Aunque los profesores pueden enseñar, apoyar y promover la lectura en los alumnos, si la mayor parte del trabajo de lectura no se hace en casa con propósitos genuinos y de recreación autodirigida del niño, la lectura siempre quedará relegada a una mera competencia académica.

Apoyar el desarrollo de habilidades sólidas de lectura, en especial en aquellos niños que presentan ciertas dificultades, es a menudo una cuestión de entrenamiento y experiencia, elementos de los cuales muchas familias carecen. No se trata de que los padres tengan que formarse en temas pedagógicos o de aprendizaje, sin embargo, sí se trata de que estos puedan proveer un apoyo necesario para ayudar a sus hijos a superar las dificultades y reticencias en cuanto a la lectura.

La investigación muestra que, si los estudiantes no leen hábilmente en el momento en el que llegan a 3er grado de primaria, las posibilidades de que cubran los atrasos y se pongan al día alcanzando el nivel esperado, son muy bajas. 

Pensando en estas estadísticas, la Universidad de Minnesota ofrece una infografía clara y sencilla para apoyar a aquellos padres que se encuentran en la búsqueda de estrategias y asesoramiento, proponiendo 7 claves para quienes atraviesan dicha situación.


Artículo original en TeachThought 7 Tips ForParents Of Struggling Readers

martes, 3 de octubre de 2017

Redes sociales y salud mental: Ir más allá de los ‘Pros’ y ‘Contras’


Las redes sociales y la tecnología han revolucionado la forma en que nos relacionamos y su uso se ha convertido en una parte de la vida de casi todos, especialmente de los adolescentes, conectándonos a nivel mundial con amigos, familiares y desconocidos. Estas a su vez, han cambiado la forma en la que nos comunicamos y compartimos información, tanto a nivel individual como social. Los jóvenes de hoy en día (también llamados “nativos digitales” o Generación Z), suelen priorizar sus comunicaciones e interacciones, entre ellos y con el mundo, mediante Internet y redes sociales. A través de éstas los jóvenes crean relaciones, moldean su identidad, se expresan y aprenden sobre el mundo que les rodea. Todo esto está inexorablemente conectado con el mundo emocional, los rasgos sociales y de personalidad, y por ende, con la salud mental.

Tal y como hemos señalado en diversos artículos*, la opinión cultural, social y la que arroja la investigación, suele apuntar opiniones que, bien resaltan las bondades del mundo tecnológico, o bien advierten en cuanto a sus posibles efectos perjudiciales. En lo que respecta al primer “grupo” de opiniones, éstas reflejan cómo las redes pueden ser un vehículo ‘novedoso’ para promover el sentido de pertenencia a la comunidad, facilitar apoyo emocional, poner a disposición espacios y opciones que promuevan el juego, la creatividad y el aprendizaje, así como proporcionar la posibilidad de conectar a personas de diferentes lugares, culturas y formas de vida; todo ello actuando como un catalizador positivo para una buena adaptación y salud mental.

El segundo “grupo” hace énfasis en aspectos menos positivos, que también han de ser considerados al reflexionar sobre tan complejo tema -complejo, sobre todo, por el desconocimiento en cuanto al mismo. Algunos apuntes señalan, a este respecto, que existen ciertos riesgos que merecen ser contemplados, ya que hablan de señales de alarma en cuanto a posibles problemas de salud mental en la población adolescente.

La incidencia más alta sobre el uso de las redes sociales está entre las edades de 16 a 24 años, un rango de edad en donde se construye y fomenta la definición y expresión de la personalidad del sujeto, y con ello, el desarrollo emocional y psicosocial.

Muchas asociaciones y organizaciones de referencia en cuanto a salud mental han tardado en incorporar investigaciones y datos que fomenten una reflexión comprehensiva en cuanto al uso la tecnología, más allá de exponer pautas y precauciones relacionadas con esta. Aun así, aportan datos que han de ser considerados al evaluar el tema, como es el caso de la Real Sociedad para la Salud Pública (RSPH, por sus siglas en inglés) y el Movimiento por la salud de los jóvenes (Young Health Movement), quienes a través de su informe "Status Of Mind, examining the positive and negative effects of social media on young people’s health" (El Estado de la Mente, examinando los efectos positivos y negativos de los medios sociales sobre la salud de los adolescentes), advierten de la relación que existe entre el uso de redes sociales y el aumento en las tasas de ansiedad, depresión y problemas del sueño entre los jóvenes.

Este informe enfatiza las consecuencias potenciales que el uso de este tipo de medios sociales puede tener para la salud mental de los jóvenes, rescatando asimismo cómo este tipo de datos pueden representar una oportunidad para mejorar la innovación, el aprendizaje y la creatividad cuando se hace buen uso de la tecnología y se van incorporando aspectos positivos según las últimas investigaciones van aportando nuevos datos al respecto.

Algunos datos interesantes:

El 91% de los jóvenes de 16 a 24 años usan Internet para acceder a las redes sociales.

Teniendo esto en cuenta, recogemos algunas de las conclusiones más relevantes del informe:

Posibles efectos adversos:
Se estima que la adicción a las redes sociales afecta aun 5% d elos jóvenes, considerándose estos medios más adictivos que los cigarillos y el alcohol.




El uso de redes sociales parece estar relacionado con un incremento en las tasas de ansiedad y depresión, con dificultades del sueño, y con problemas de autoimagen.


El ciberbullying o acoso cibernético es un problema creciente: 7 de cada 10 jóvenes afirman haberlo experimentado.

Con el uso de las redes digitales se ha visto potenciado el miedo a ser ignorado (missing out), caracterizado por la a necesidad de estar constantemente conectado con las actividades de otras personas, para no “perdérselas”.


Posibles efectos positivos:
Los medios de comunicación social pueden mejorar el acceso a las experiencias de salud de otras personas y a la información especializada sobre la salud.
Las redes sociales promueven el apoyo emocional entre sus miembros. Aquellos que usan las redes sociales se sienten más apoyados emocionalmente a través de sus contactos (“aproximadamente, 7 de cada 10 adolescentes afirman haber recibido apoyo en los medios sociales durante momentos difíciles”).
Los medios de comunicación social pueden actuar como una plataforma eficaz para la autoexpresión correcta y positiva.


El informe concluye con un apunte coherente con la actual necesidad cultural y colectiva, enfatizando la necesidad de acciones basadas en una serie de recomendaciones como:
  • La formación en centros educativos sobre el uso seguro de los medios sociales.
  • El impulso de la investigación sobre los efectos de las redes sociales en la salud mental de los jóvenes.
  • La creación de plataforma de medios sociales orientadas a identificar y apoyar a los usuarios que podrían estar experimentando problemas de salud mental a causa de sus publicaciones.
Las tecnologías digitales, incluyendo redes sociales, están tan arraigadas en las vidas de los jóvenes que no es posible desligar su impacto –‘positivo’ o ‘negativo’- en los rasgos que definen y dan cuenta de su salud mental y bienestar emocional. Es importante, pues, que podamos ampliar nuestra perspectiva al evaluar dicho impacto, de manera que sea posible acercarnos a una comprensión real de la influencia que tiene la tecnología actual y las diversas plataformas de redes sociales en la cotidianidad y vida de los jóvenes. Por ello, hemos de encarar la novedad de los nuevos cambios -tecnológicos y sociales- trabajando nuestra propia aproximación a dichos cambios, así como fomentando las medidas educativas y reflexivas necesarias para promover los aspectos positivos y minimizar los negativos, evitar el descrédito y el rechazo automático a un modo de interacción -que ha llegado para quedarse-, y ayudar a los jóvenes a hacer buen uso de los recursos disponibles, de manera que se minimicen los riesgos y sea posible potenciar los efectos positivos que esta nueva forma de relacionarse, darse a conocer y expresarse tiene para ellos.


Artículo de Kreadis con información de:
  • Las redes sociales influyen en la salud mental de los adolescentes. Infocop 20/07/2017.
  • Social media and young people's mental health and wellbeing - RSPH (Royal Society for Public Health)

miércoles, 9 de agosto de 2017

Contar con los dedos: ¿Costumbre o camino genuino hacia el aprendizaje?

Foto: Cebolledo
“La mente inteligente trabaja mano a mano con la mano eficiente.
La mano eficiente trabaja mano a mano con la mente inteligente.”

En estos días existe una considerable dependencia de las matemáticas, tanto a nivel tecnológico como en nuestra vida cotidiana. Sumar, restar y contar son procesos matemáticos que todos usamos en nuestro día a día de un modo natural y espontáneo.
A pesar de los aportes de los avances tecnológicos al campo del aprendizaje, nuevas investigaciones sugieren que, en contra de lo que se viene pensando hasta ahora, los pequeños pueden mejorar en matemáticas si realizan sus cálculos contando con los dedos.
Los profesores suelen decirles a los niños que es mejor contar con la cabeza y el contar con los dedos suele verse como un signo de debilidad en lo relativo a su habilidad con las matemáticas.
Sin embargo, un nuevo estudio británico, publicado en “Fronteras en Educación” sugiere que esta creencia puede ser errónea ya que el contar con los dedos parece acelerar el aprendizaje de las matemáticas cuando éste se hace junto con juegos de números.
Se realizó un experimento de cuatro semanas de duración con 137 niños de 6 y 7 años de edad en el que los niños se dividieron en cinco grupos.
Uno de los grupos realizó ejercicios de contar con los dedos, tales como contar de 1 a 10 utilizando cada uno de los dedos de la mano, mostrando el número correcto de dedos cuando se nombraba un número específico y haciendo sumas o restas sencillas utilizando sus dedos.
El segundo grupo realizó juegos de números, como dominó y juego de cartas.
Los grupos tercero y cuarto realizaron ambas tareas, tanto ejercicios de contar con los dedos como juegos de números.
El quinto grupo fue el grupo de control y no realizó ninguna de las tareas anteriores, ni ejercicios de contar con los dedos ni juegos con números.
Los resultados mostraron que solamente el grupo de niños que hicieron los ejercicios de contar con los dedos mejoraron su sensibilidad aritmética con los dedos (la habilidad de diferenciar mentalmente los diferentes dedos y asociarlos a números), mientras que aquellos que realizaron juegos de números fueron más capaces de calibrar visualmente el tamaño relativo de pares de agrupaciones de puntos. El grupo de niños que participó en ambas tareas superó al grupo de control en varias habilidades relacionadas con matemáticas, incluyendo contar, ordenar, comparar y agregar.
En otras palabras, mientras los juegos con números mejoraron ligeramente una habilidad matemática, los niños experimentaron mejoras más amplias en un rango de pruebas cuando también utilizaron sus dedos para contar en algunos ejercicios.
Los autores del estudio, Tim Jay y Julie Betenson, sugieren una curiosa explicación para dar cuenta de estos resultados: "La parte del cerebro que responde al número está en la proximidad del área que se activa cuando los sujetos realizan actividades de apuntar y coger." Así que cuando usamos nuestros dedos, también activamos las áreas de nuestro cerebro asociadas con el recuento. Este procesamiento paralelo puede explicar por qué los niños pequeños se benefician del recuento con los dedos.
Estos datos indican que, contrario a la creencia más afianzada en cuanto a la regresión asociada a contar con los dedos, esta es una práctica que merece ser reconsiderada, ya que esta costumbre ha demostrado ser muy válida para mejorar varias habilidades en el ámbito de las matemáticas.
Según demuestran los estudios científicos, entre los 4 y los 6 años se desarrolla la mayor parte del tejido neuronal. Este proceso se mantiene dinámico hasta los 12 años, momento en el que el desarrollo de los tejidos nerviosos alcanza el 75%. Durante la adolescencia, se configura el 90% de lo que será el cerebro adulto.
Los resultados del estudio realizado por Tim Jay y Julie Betenson nos recordaron la noticia publicada recientemente en los medios de comunicación: Nacho, un niño de Toledode 8 años ha ganado el campeonato internacional de cálculo mental, celebrado enKuala Lumpur el pasado 16 de julio. A Nacho siempre le gustaron las matemáticas y sus padres le apuntaron a un programa llamado Aloha Mental Arithmetic para seguir mejorando en esta asignatura. El ábaco es una de las herramientas básicas de aprendizaje en este programa. En una de las entrevistas se puede apreciar cómo Nacho utiliza los dedos para realizar mentalmente los movimientos con el ábaco.
En 2013 se realizó un estudio sobre el impacto del aprendizaje de aritmética mental con ábaco en las habilidades cognitivas de los niños, y se comprobó el impacto positivo del aprendizaje con esta herramienta en habilidades cognitivas tales como concentración, resolución de problemas, memoria operativa, memoria asociativa, orientación espacial, formación de conceptos y creatividad. El cálculo con ábaco implica la acción coordinada de los principales nervios del cuerpo humano -por ejemplo vista, sonido y movimiento de las manos-, lo que potencia el desarrollo cerebral.
Notas como éstas nos recuerdan que, más allá de las maravillosas fuentes de innovación que existen hoy en día en el ámbito educativo y de aprendizaje, algunas estrategias más clásicas no son sólo un ejercicio de nostalgia, sino un camino genuino hacia un aprendizaje integral y real.
En esta misma línea, hablamos hace algunos meses en uno de nuestros post “Escritura Vs.Teclado” acerca de cómo el hecho de escribir a mano fija la comprensión de la materia estudiada, y se ha comprobado a través de resonancias magnéticas de cerebros adultos en funcionamiento que existe una red característica del cerebro que se activa al leer e incluye áreas que se relacionan con procesos motores.
En definitiva, parece que las áreas relacionadas con el aprendizaje, parecen estar conectadas o asociadas de alguna manera con áreas sensoriales (visual, auditiva, táctil) que potencian el mismo cuando se realizan de manera conjunta. No en vano muchos proyectos educativos actuales resaltan la importancia de rescatar el aprendizaje experiencial, (ver nuestro post Tinkering: un campamento de verano para explorar el mundo con lasmanos), así como el que se basa en actividades manuales. Estas representan una oportunidad para “pensar con las manos”, intentando a partir de ello construir el significado de lo que se aprende y la comprensión de ello.
No se puede perder de vista que la comprensión matemática potencia el pensamiento lateral. Asimismo, la exploración y la práctica matemática constante fomentan la autoconfianza en las propias capacidades mentales, inteligencia y habilidad para la resolución de problemas. Las matemáticas poseen ciertas características que las hacen adecuadas para el entrenamiento de la mente del estudiante, como lo son la simplicidad, la precisión, la exactitud, la originalidad y el razonamiento similar al de la vida diaria.
Pongamos las matemáticas y los cinco sentidos a trabajar conjuntamente para obtener mejores resultados.
Artículos relacionados:
Artículo de Kreadis con información de:
Edutopía - Youki Terada - Research and Standards Editor @ YoukiTerada
Impacto del aprendizaje de aritmética mental con ábaco en las habilidades cognitivas de los niños  (Junio 2013) – Aloha Mental Arithmetic – Universidad de Madrás – Dra. K. Vasuki - Departamento de Psicología Aplicada e Investigación del Comportamiento

lunes, 31 de julio de 2017

La otra cara de decir "muy bien" a los niños

Tenemos la tendencia a aplicar los conceptos de “bien” y “mal” a muchos aspectos de nuestras vidas, incluyendo la manera en la que evaluamos las conductas de los niños. Intentamos fomentar “lo positivo” y detectar “lo negativo” con el objetivo de suprimirlo. Ambos polos suelen gestionarse por parte de los padres mediante la dualidad castigo-refuerzo. Este último ha adquirido mayor prominencia tras la cantidad de información que desaconseja pertinazmente el castigo y la crítica como medidas educativas. Observamos asimismo como cada vez está más de moda lo relacionado con la psicología positiva, el “todo está bien”, insistir sobre centrarnos en los aspectos buenos de la persona y reforzarlos, lo que a su vez ha ayudado a que el refuerzo y los elogios se extiendan y se automaticen.
Estamos viviendo un momento en el que, quizá por acortar la brecha generacional y profundizar en el esfuerzo por entender a nuestros niños, nos movemos a zancadas entre las diversas perspectivas que nos garantizan una crianza y desarrollo sano de los hijos: "reforzarles, no castigarles", "centrarse en los aspectos positivos, no en los negativos", "sacar partido de los baches, no las quejas", “poner límites vs. dejar espacio para que cuestionen”… un amplio abanico de propuestas que muchas veces son puestas en práctica sin razonar o analizar el caso concreto y, en muchas ocasiones, sin un mínimo de consistencia. Muchas propuestas educativas y de crianza tienen su espacio de razón, sin embargo, es necesario tener en cuenta el contexto en el que la situación ocurre, así como otros detalles que caracterizan la respuesta de los padres, de manera que no corramos el riesgo de caer en el reduccionismo de "café para todos".
Aunque se ha alabado durante años los beneficios del refuerzo positivo en los niños, la investigación actual, que se ha ocupado de conocer mejor la influencia y procesos relacionados con el mismo, ha aportado mayor claridad al papel que juega en su conducta. “Lo has hecho muy bien” “Tu dibujo es precioso”, son frases que pueden sonar familiares ya que muchos las hemos usado para alentar a los niños y que aprendan sobre el valor de sí mismos. Sin embargo, aunque nuestras intenciones son las mejores, si nos detenemos a reflexionar un poco más allá acerca de esta tendencia, veremos que este tipo de alabanzas incluyen un juicio de valor por parte de los padres (o por parte de la figura que las hace). No es nuestra aprobación o evaluación lo que pretendemos que guíe el desarrollo y conducta del niño, sino más bien que este pueda llegar a sus propias conclusiones apoyándose en nosotros.
El destacado investigador en el campo de las ciencias sociales Alfie Kohn, quien ha estudiado durante años diversos aspectos acerca de la parentalidad y la educación, nos adelantaba hace unos años (2001) su preocupación al respecto, dado que se ha enaltecido el refuerzo hasta un punto, que se pierde de alguna manera con ello la naturalidad del elogio y se obvian algunos aspectos menos constructivos del mismo. El “Muy bien” que le solemos dirigir a los niños, se ha automatizado y se dice, en muchas ocasiones, de manera indiscriminada.
Es muy frecuente en cualquier contexto familiar, escuchar que se les dice a los niños de manera recurrente “¡Muy bien!: Cuando se comen toda la comida, cuando sonríen, cuando hacen algo que les pedimos… Muchos nos reconoceremos a nosotros mismos o a otros utilizando este tipo de frases con nuestros niños al punto de que casi se han convertido en un “tic verbal”.
Alfie Kohn señalaba que, aunque hay una gran variedad de textos que advierten en contra de recurrir al castigo, es muy difícil encontrar opiniones profesionales que desalienten el uso del refuerzo positivo en la educación de los niños. El punto aquí no es cuestionar la importancia de apoyar e incentivar a los niños, la necesidad de amarlos y abrazarlos, de ayudarlos a sentirse bien con ellos mismos. Lo relevante de este punto de vista es poder mostrar cómo ciertos elogios de carácter evaluativo desnaturalizan algunas conductas del niño que son parte de su proceso de crecimiento, y le dificultan acceder a la comprensión y autenticidad que intentamos fomentar.
Apuntamos aquí las razones que apoya la investigación, por las que se desaconseja echar mano constantemente del “Muy bien” y de los elogios evaluativos:
1. El elogio evaluativo encierra en sí una forma de “manipulación”. Cuando le decimos al niño “¡Muy bien!” una vez que ha limpiado y guardado sus materiales de pintura, le decimos a su vez que esa es la conducta que queremos ver en él. Aunque deseamos que aprenda y siga normas y reglas, el mensaje no deja espacio para la reflexión del niño ni añade información descriptiva que pueda serle de valor. En la mayoría de los casos, este tipo de mensajes tienen menos que ver con sus necesidades emocionales que con nuestra propia conveniencia o deseo. El “Muy bien” se traduce en un símil verbal de una recompensa tangible y bien sabemos que la motivación y el deseo son mucho más potentes que las recompensas externas y que, además, estas no siempre sobrevendrán a nuestras acciones en la vida adulta.
La razón por la cual los elogios pueden funcionar a corto plazo es que los niños pequeños están hambrientos de aprobación. Pero nosotros tenemos la responsabilidad de no aprovecharnos de esta dependencia para nuestra propia conveniencia. Los niños también pueden empezar a sentirse manipulados por esto, incluso si ellos no pueden explicar a ciencia cierta por qué.
2. Inducimos a los niños a estar en constante búsqueda de aprobación. Algunas veces felicitamos a los niños solamente porque estamos genuinamente complacidos por lo que han hecho. Sin embargo, incluso en dichas situaciones, vale la pena poner más atención. En algunos casos, en vez de aumentar la autoestima de un niño, podemos estar incrementando su dependencia hacia nosotros. Las investigaciones han comprobado cómo este tipo de situaciones fomentan la aspiración del niño por satisfacer el deseo que transmite el interlocutor a través de su elogio, por tanto se incrementa asimismo la dependencia de este hacia nuestras evaluaciones, nuestras decisiones acerca de lo que está bien y mal, en lugar de aprender de sus propios juicios. Esto los lleva a medir su valor en términos de lo que a nosotros nos hará “felices” o les procurará un poco más de aprobación.
Mary Budd Rowe, investigadora de la Universidad de Florida, descubrió que los estudiantes que eran elogiados excesivamente por sus profesores eran más indecisos en sus respuestas y más proclives a responder con un tono de voz de pregunta, buscando la aprobación previa de su interlocutor en lugar de sumergirse en su propia reflexión. Asimismo, tendían a retractarse de una idea propuesta por ellos tan pronto como un adulto mostraba su desacuerdo y tenían menos tendencia a perseverar en tareas difíciles o compartir sus ideas con otros estudiantes.
Cuando acostumbramos al niño a felicitarle por todo aquello que realiza, ¿Qué hará cuando no estemos allí para dar nuestra aprobación a su trabajo? Algunos niños se preocupan o se cuestionan a sí mismos cuando no reciben el elogio tras su acción -aun cuando esta sea acorde y correcta- por el simple hecho de estar acostumbrados a recibirlo como forma de refuerzo de su identidad. La identidad del niño y su autoestima han de estar potenciadas por factores más complejos. Los niños necesitan saborear el éxito de llegar a sus propias conclusiones y nuestros elogios y observaciones simplemente deberían ayudarles a que puedan realizar esa autoevaluación de manera sana.
3. Le decimos al niño cómo ha de sentirse. Aparte del problema de dependencia, un niño merece disfrutar de sus logros y sentirse orgulloso de lo que ha aprendido a hacer. También merece decidir cuándo sentirse de tal o cual forma. Cada vez que decimos, “¡Muy bien!”, le estamos diciendo al niño cómo sentirse.
Con total seguridad, hay momentos en los que nuestras evaluaciones son apropiadas y nuestra guía es necesaria –especialmente con niños que ya caminan o que están en edad pre-escolar. Pero una corriente constante de juicios de valor no es ni necesaria ni útil para su desarrollo.
Es probable que, lamentablemente, no nos hayamos dado cuenta de que “¡Muy bien!” es una evaluación tanto como lo es “¡Mal hecho!” La característica más notable de un juicio positivo no es que este sea positivo, si no que es un juicio. Y a la gente, incluyendo a los niños, no les gusta ser juzgados.
Cuando un niño logra hacer algo por primera vez, o hace algo mejor de lo que lo había hecho hasta ahora, es conveniente tratar de resistirse al reflejo de decir “¡Muy bien!” y con ello no diluir su alegría. Es preferible que el niño comparta su placer con nosotros, no que nos mire buscando “un veredicto”. Sería deseable que el niño exclame, “¡Lo hice!” en lugar de preguntarnos con incertidumbre, “¿Lo hice bien?”.
4. Minamos la oportunidad de que descubra sus propios intereses. "¡Muy bonita pintura!” puede hacer que los niños sigan pintando por el tiempo que nos mantengamos mirando y elogiándolos. Pero, Lilian Katz, una de las principales autoridades nacionales de educación en la temprana infancia, advierte “una vez que se retira la atención, muchos niños no volverán a esa actividad.” Efectivamente, una cantidad impresionante de investigaciones científicas han mostrado que mientras más recompensamos a la gente por hacer algo, más se tiende a perder el interés por aquello que se hace para obtener la recompensa.
En un estudio de problemas llevado a cabo por Joan Grusec de la Universidad de Toronto, los niños pequeños que fueron elogiados frecuentemente por sus muestras de generosidad, tendían a ser menos generosos en el día a día, de lo que eran los otros niños. Cada vez que ellos han oído “¡Muy bien por compartir!” o “Estoy muy orgulloso de ti por ayudar”, perdían el interés intrínseco por compartir o ayudar. Estas acciones vinieron a verse no como algo valioso en su propio sentido de lo justo, sino como algo que deben hacer para obtener nuevamente esa reacción del adulto. La generosidad se convierte así en el medio para un fin.
En este sentido, varias investigaciones han mostrado cómo el interés de los niños se orienta a complacer el mensaje oculto tras el elogio, más que a la tarea que están realizando. Por ejemplo, en un grupo en el que se transmitían constantemente mensajes acerca de la inteligencia de los niños “Muy bien, qué listos sois”, estos evitaban las pruebas difíciles y rehuían del error, interesándose solo por aquellas actividades que garantizaran la recompensa verbal.
Entonces la pregunta: ¿motivan los elogios a los niños? Por supuesto. Los motivan principalmente a obtener elogios. Desgraciadamente, esto sucede frecuentemente a expensas del compromiso, motivación o interés hacia aquello que estaban haciendo y que provocó el elogio.
5. Desnaturalizamos la conducta del niño e influimos sobre su desempeño. Varias investigaciones han encontrado que los niños que de forma constante reciben elogios evaluativos por hacer bien un trabajo creativo, tienden a tropezar en la siguiente tarea, y no les va tan bien como a los niños que no fueron elogiados desde el principio.
¿Por qué sucede esto? En parte porque los elogios crean una presión de “continuar el buen trabajo”, llegando a interponerse en el camino de lograrlo. En parte porque su interés en lo que hacen puede disminuir. En parte porque ellos se vuelven menos propensos a tomar riesgos –un prerrequisito para la creatividad- una vez que comienzan a pensar sobre cómo hacer que esos comentarios positivos continúen ocurriendo.
En forma general, “¡Muy bien!” es un vestigio de un enfoque que reduce toda la vida humana a comportamientos que pueden ser vistos y medidos. Desafortunadamente, esta ignora los pensamientos, sentimientos y valores que yacen detrás de los comportamientos. Por ejemplo, un niño puede compartir su bocadillo con un amigo, bien como una forma de atraer un elogio, o como una forma de mostrar genuinamente su deseo de vinculación y generosidad y asegurarse de que el otro niño tenga suficiente para comer. Los elogios evaluativos del tipo “Excelente, has compartido con tu amigo” ignoran estos diferentes motivos. Estos, de hecho, promueven el motivo menos deseable, haciendo a los niños más proclives a tratar de obtener elogios en el futuro, tendencia que se extiende en su vida adulta.
Sin embargo, no es un hábito fácil de romper. Dejar de hacer elogios evaluativos (los más frecuentes en todo tipo de contexto), al menos al principio, puede parecer extraño. Se puede sentir como si se estuviese siendo frío o guardándose algo. Pero eso, (y pronto se vuelve evidente) sugiere que nosotros elogiamos más porque necesitamos decirlo, que porque nuestros niños necesitan oírlo. Siendo esto así, es tiempo de reconsiderar lo que estamos haciendo.
Lo que los niños necesitan es apoyo incondicional, amor sin compromisos. “¡Muy bien!” es condicional. Significa que estamos ofreciendo atención, reconocimiento y aprobación por saltar a través de nuestro aro, es decir, por hacer algo que nos complace a nosotros.
El problema real no es que los niños de esta época esperen ser elogiados por todo lo que hacen. Lo que sucede es que nosotros estamos tentados a tomar atajos, a manipular a los niños con recompensas, en lugar de explicar y ayudarlos a desarrollar las habilidades necesarias y los buenos valores.
Entonces, ¿cuál es la alternativa? Lo más importante es que cualquier cosa que decidamos decir tiene que ser en el contexto del afecto genuino y amor por lo que los niños son, en vez de por lo que han hecho. Una excelente alternativa es sustituir los elogios evaluativos (que encierran juicios), por elogios descriptivos (que fomentan la individualidad y reflexión del niño). En lugar de juzgar lo que vemos, podemos simplemente describir lo que vemos que el niño ha hecho, por ejemplo: En lugar de “Muy bien, qué bonita historia”, podemos decir “Lo has contado de manera que quien la lee y escucha, puede saber exactamente qué siente el personaje”. El elogio descriptivo es específico y genuino, y permite que el niño evalúe sus propias acciones, en lugar de imprimirle automáticamente el juicio que nosotros le ofrecemos. En lugar de describir la acción específicamente, podemos describir lo que pensamos que el niño está sintiendo o sus avances: “Has hecho todos los ejercicios de matemáticas en menos tiempo que hace un mes, ¡parece que eso te complace y alegra mucho!”. Los elogios descriptivos ponen mayor énfasis en el esfuerzo que en la recompensa, enseñamos a los niños a ver las grandezas de sus logros y los puntos “menos positivos” en los que podrían trabajar.
Sin embargo, para poder hacer el cambio en nuestra forma de elogiar a los niños, hemos de reconsiderar nuestros propios requerimientos en vez de simplemente buscar una forma de que los niños obedezcan. Por ejemplo, en lugar de usar “¡Muy bien!” para hacer que un niño de cuatro años se siente callado durante una larga clase o cena familiar, tal vez deberíamos preguntarnos si es razonable esperar que un niño haga esto.
Debemos encaminar a los niños hacia el proceso de tomar sus propias decisiones. Si un niño está haciendo algo que molesta a otros, entonces sentarse posteriormente con él y preguntarle, “¿Qué piensas que podemos hacer para solucionar esto?” Podría ser más efectivo que chantajes o amenazas. Esto también ayuda al niño a aprender cómo resolver problemas y le enseña que sus ideas y sentimientos son importantes. Por supuesto, este proceso toma tiempo, cuidado y coraje. Lanzar un “¡Muy bien!” cuando el niño actúa en una forma que nosotros estimamos apropiada, no considera ninguna de estas cosas, lo que también explica por qué resulta mucho más sencillo de expresar y automático.
Entonces, ¿Qué podemos decir cuando los niños hacen algo impresionante? Como comentamos anteriormente, podemos basarnos en los elogios descriptivos. Para ello podemos:
Decir o describir lo que vimos. Un enunciado simple, sin evaluación (“Te pusiste los zapatos por ti mismo” o incluso solamente “Lo hiciste”) le dice al niño que te has dado cuenta del cambio o acción. También le permite sentirse orgulloso de lo que hizo. En otros casos, puede tener sentido hacer una descripción más elaborada. Si hace un dibujo, podríamos ofrecer unas observaciones –no un juicio- sobre lo que vemos: “¡La montaña es inmensa!” “¡Utilizaste muchos colores!”
Si un niño hace algo cariñoso o generoso, se podría atraer su atención sutilmente hacia el efecto de esta acción en la otra persona: “¡Mira la cara de Gloria! Parece que le ha gustado que compartas las patatas con ella”. Esto es completamente diferente a un elogio, en el que el énfasis está en cómo se siente el adulto acerca de la acción hecha por el niño.
Hablar menos, preguntar más. Incluso mejores que las descripciones son las preguntas. ¿Por qué decirle al niño qué parte de su dibujo le impresionó al padre cuando se le puede preguntar qué es lo que a él le gusta más de su dibujo? El preguntar “¿Cuál fue la parte más difícil de dibujar?” o “¿Cómo hiciste para hacer el pie del tamaño correcto?” es probable que alimente su interés por el dibujo. Decir “¡Muy bien!”, como lo hemos visto, puede tener exactamente el efecto contrario y no le invita a reflexión alguna.
Mostrar aprecio o agradecimiento. Menciona aquello que el niño ha hecho y para qué ha podido servir, por ejemplo “Gracias por recoger la mesa después de cenar. Cuando toda la familia colabora podemos disfrutar más tiempo juntos”.
Centrarnos en la acción, no en la persona. En lugar de juzgar al niño, hemos de intentar centrarnos en la acción. En lugar de “Eres un desordenado, tienes los juguetes por toda la casa”, o “Qué bien que recogiste tus juguetes” podemos decir “Los juguetes están (o no) en su lugar, cuando están ordenados en la habitación son más fáciles de encontrar”.
En resumen, esto no significa que todos los cumplidos o todas las expresiones de gusto sean dañinas. Debemos considerar los motivos por los que los decimos y reflexionar sobre los mensajes ocultos que podemos estar transmitiendo en ellos así como los efectos verdaderos de decirlos. Una expresión genuina de entusiasmo tiene un mayor efecto positivo que el simple deseo de manipular el futuro comportamiento del niño.
¿Están nuestras reacciones ayudando al niño a percibir un sentido de control sobre su vida o fomentando el deseo de buscar constantemente nuestra aprobación?
¿Están estas expresiones ayudándolo a volverse más entusiasta con lo que está haciendo por derecho propio, o convirtiendo la acción en algo que él quiere hacer únicamente para recibir una palmada en la espalda?
No es cuestión de memorizar un nuevo guión, sino de tener presentes nuestros objetivos a largo plazo para nuestros hijos y ser sensibles ante los efectos de lo que decimos.

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Artículo de Kreadis con información de::
-Cinco razones para dejar de decir “¡Muy Bien!” por Alfie Kohn * YOUNG CHILDREN – Septiembre 2001 (Parents, mayo de 2000, Alfie Kohn).
-Praising Children: Evaluative vs Descriptive en Playful Learning.
-Por qué dejar de decir ¡Muy bien! en “El método Montessori”